Nacidas como cruel sátira y parodia a costa de unos cómics originales dibujados con el animo de promover el fundamentalismo cristiano y condenar desde el rock’n’roll hasta los juegos de rol con unos razonamientos propios del onanismo mental más recalcitrante (visitar si se atreven para más información www.chick.com) , las historias de Dork Dungeons consiguen crear un universo propio, una suerte de poesía única y personal, que Shimart, su “autor”, imprime con referencias que, por su bien, rezo por que no sean autobiográficas porque entonces estamos apañados (bueno, estaría apañado él).
Llegamos de esta forma a la tercera y más incomprendida parte de la saga. “Dork Dungeons 3: Dr. Shim’s How the Mutant Stole Christmas” es ante todo un experimento de delirancia visual digno de un Kubrick o de un Lynch fumado hasta las cejas en el que la historia es lo que menos cuenta. Así, Shimart nos brinda un relato navideño de buenos contra malos, simple y predecible, incluida la gran intervención final del Hombre de los Calzoncillos Rojos. Pese a eso, no deja de lado su personal visión del mundo, y podemos encontrar toda clase de deliciosas segundas lecturas en la figura del villano Bububup y sus secuaces, clara representación de los miedos infantiles a los monstruos amorfos de color púrpura ¿Quién no ha tenido miedo de un monstruo amorfo de color púrpura? A su vez, el final de la historia remite al de “Casablanca”, si bien con connotaciones harto distintas y mucho más cercanas al espíritu de la obra que nos ocupa.
En “Dork Dungeons IV: Avada Kedavra, Gilipollas” volvemos a los orígenes en la que es hasta la fecha la entrega más desarrollada y en la que el estilo Shimartiano se presenta más depurado. Con un punto de partida claro homenaje a “El Exorcista” y “Harry Potter” y que irónicamente no acaba derivando en un producto de terror cercano al giallo italiano, como era de esperar. No, esta cuarta entrega nos cuenta una épica y hermosa historia de amor, odio y celos en la que se reafirman una vez más los puntos de vista del autor plenamente desarrollados en la segunda entrega. La épica se vuelve incontenible y grandiosa en una escena concreta que queda marcada a fuego en la retina del lector, en la que un desesperado Rey Trufus XXXIV se da cuenta de su perdida, resumida en una única y poética frase: “¡Ahí va, los Donuts!” Ni siquiera autores como Kurosawa han alcanzado tal grado de épica.
Así nos deja a la espera de un futuro y más que posible “Dork Dungeons VI” en el que esperamos no se repitan los errores de esta última y descafeinada entrega y volvamos a alcanzar la cota de grandeza marcada por las entregas II e IV, a ser posible con la lírica visual que destilaba la entrega III pese a su vacuo contenido.
Y si a estas alturas no os habéis dado cuenta de que esto no es más que sano cachondeo revisad vuestro encefalograma. Y si alguien de Chick Publications lee esto y se siente ofendido... erm... ¡Cómete una magdalena, tío ridículo!
Y yo me pregunto: Más que sentirse ofendidos e humillados, que también, ¿acabarán los de Chick Publications contratando a Shimart para su próxima tira?. Ya sabeis "Si no puedes con ellos... ". ¿Acaso esta sucesión de historietas es un deseperado (pero que mucho) intento de buscar trabajo por parte de Shimo?.
ResponderEliminarLogan-X, "La verdad está en su sitio", out