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jueves, junio 16, 2011

Teaser Poster de John Carter of Mars

JCM... usando siglas para el título me recuerda demasiado a lo de LXG... urgh.

Pues por si alguno no estaba enterado, la Disney anda preparando una adaptación del personaje de Burroughs que debutó en Una Princesa de Marte, bajo la dirección de Andrew Stanton (a los fans de PIXAR os sonará ese nombre).

Y bueno, muy bonico el teaser poster... no aclará mucho como irán los tiros en la película, pero eso suele pasar con los teaser posters.

Lo único que tengo claro es que al ser una producción Disney, nada de ver a Dejah Thoris en topless y/o en cueros.

Bueno, siempre nos quedarán ilustraciones como las de Adam Hughes de la princesa marciana.

miércoles, julio 23, 2008

Cuidado, muerden


Fuí a la habitación de Herr Muller, llamé varias veces, pero no oí nada. Susurré su nombre y el del doctor Silva, pero no respondió nadie. Vi que salía sangre por debajo de la puerta; entré, y comprobé que todo el suelo estaba rojo. Silva yacía en el extremo opuesto, con Muller inclinado sobre él con su espalda gorda, pálida y peluda vuelta hacia mí. No recuerdo como le llamé la atención, si lo llamé por su nombre, exclamé una palabrota o hice algo más que quedarme allí plantado. Muller me miró, y vi que unos trozos de carne ensangrentada le caían de la boca abierta. También vi que sus suturas de acero se habían abierto parcialmente, y que un fluido espeso, negro y gelatinoso rezumaba por la incisión. Se puso en pie, tambaleante, y avanzó hacia la puerta arrastrando los pies.


Todos a leerlo.
Ya.

U os pego un mordisco.


martes, enero 17, 2006

Meme de libros

Bueno, aqui estamos con una meme literaria cedida por Jamfris:

- ¿Qué libros has leído o quieres leer o no vas a leer de la siguiente lista?

Leído
Lo leeré
Lo leería si alguien me lo dejara
No me lo pienso leer
Empezado, pero nunca terminado
* Terminado pero aborrecido
+ Ni idea de su existencia hasta ahora


* El código Da Vinci - Dan Brown
El guardián entre el centeno - J.D. Salinger
La guía del autoestopista galáctico - Douglas Adams
El gran Gatsby - F. Scott Fitzgerald
Matar a un Ruiseñor – Harper Lee

+ La mujer del viajero en el tiempo - Audrey Niffenegger
+ La materia oscura - Philip Pullman
Harry Potter y el misterio del príncipe - J.K. Rowling
+ La vida de Pi - Yann Martel
Rebelión en la granja - George Orwell
Trampa-22 - Joseph Heller
El Hobbit - J. R. R. Tolkien
+ El curioso incidente del perro a medianoche - Mark Haddon
El señor de las moscas - William Golding
Orgullo y prejuicio - Jane Austen
1984 - George Orwell
Harry Potter y el prisionero de Azkaban - J.K. Rowling
Cien años de soledad - Gabriel Garcia Marquez
Memorias de una geisha - Arthur Golden
Harry Potter y el cáliz de fuego - J.K. Rowling
+ The Kite Runner - Khaled Hosseini
Desde mi cielo - Alice Sebold
Harry Potter y la orden del fénix - J.K. Rowling
+ Matadero 5 - Kurt Vonnegut
Ángeles y demonios - Dan Brown
El club de lucha - Chuck Palahniuk
Harry Potter y la piedra filosofal - J.K. Rowling
Neuromante - William Gibson
Criptonomicón - Neal Stephenson
+ La historia secreta - Donna Tartt
La naranja mecánica - Anthony Burgess
Harry Potter y la cámara de los secretos - J.K. Rowling
* Cumbres borrascosas - Emily Bronte
Un mundo feliz - Aldous Huxley
American Gods - Neil Gaiman
El juego de Ender - Orson Scott Card
+ Snow Crash - Neal Stephenson
+ Una oración por Owen - John Irving
Crónicas de Narnia: el león, la bruja y el armario - C.S. Lewis
+ Middlesex - Jeffrey Eugenides
+ Cloud Atlas - David Mitchell
El señor de los anillos - J. R. R. Tolkien
Jane Eyre - Charlotte Bronte
Buenos presagios - Terry Pratchett, Neil Gaiman
+ Expiación - Ian McEwan
+ La sombra del viento - Carlos Ruiz Zafon
El viejo y el mar - Ernest Hemingway
+ El cuento de la criada - Margaret Atwood
+ La campana de cristal - Sylvia Plath
Dune - Frank Herbert

Y aunque no es necesario, añado además:

El Corazón en las Tinieblas – Joseph Conrad
El Días de los Trífidos – John Wyndham
* Rayuela – Julio Cortázar

Ahí queda la cosa.

viernes, mayo 13, 2005

Señor, lo nuestro es el plomo

The Dark Tower

Childe Roland a la Torre Oscura llegó.

I

Mi primer pensamiento fue que mentía en cada palabra,
Aquel viejo lisiado, con mirada maliciosa
Observando con recelo el efecto de su mentira
En la mía, y la boca apenas capaz de disimular
El júbilo, que fruncía y perfilaba
Su comisura, por así haber atrapado otra víctima.

II
¿Para qué si no estaría él dispuesto con su cayado?
¿Para qué, salvo para acechar con sus mentiras, para enredar
A todo viajero que lo hallase allí apostado
Y preguntase el camino? Conjeturé qué risa cadavérica
Estallaría, qué muleta escribiría mi epitafio
Como pasatiempo en la polvorienta calzada,

III
Si por su consejo yo virase
Hacia aquella ominosa región en la que, como todos saben,
Se esconde la Torre Oscura. Aun así, aceptándolo,
Me desvié hacia donde él señalaba: no por orgullo
Ni por esperanza reavivados en el final señalado,
Sino por la alegría de que existiese algún final.

IV
Porque, a pesar de mi vagabundeo por todo el mundo,
A pesar de mi búsqueda que se alargaba a través de los años, mi esperanza
Menguaba en un fantasma no preparado para poder
Con ese turbulento regocijo que brindaría el éxito,-
Apenas podía intentar reprimir ahora el salto
Que dio mi corazón, al hallar un fallo en su aptitud.

V
Al igual que un hombre enfermo que se aproxima a su muerte
Parece efectivamente muerto, y comienzan las sensaciones y terminan
Las lágrimas y recibe la despedida de cada amigo,
Y oye a uno proponer a otro marchar, para respirar
Mas libremente en el exterior, ("puesto que todo terminó," dijo él,
"Y ningún lamento puede compensar la desgracia")

VI
Mientras algunos discuten si cerca de las otras tumbas
Habrá espacio suficiente para esto, y qué momento del día
Es el mejor para llevarse el cadáver
Poniendo cuidado en los estandartes, pañuelos y bordones:
Y el hombre aún lo oye todo, y solamente anhela
No deshonrar tan tierno amor y permanecer.

VII
Así, he sufrido tanto en esta búsqueda,
He oído el fracaso tan a menudo profetizado, he sido incluido
Tantas veces en "El Grupo"- a saber,
Los caballeros que a la busca de la Torre Oscura encaminaron
Sus pasos- que el sólo fallar como ellos parecía un triunfo,
Y toda la duda ahora era- ¿sería digno?

VIII
Así, en silenciosa desesperación, me alejé de él,
De aquel odioso lisiado, fuera de su camino,
Hacia el sendero que él señalaba. Todo el día
Había sido monótono a lo sumo, y turbio
Se volvía hacia el final, y aún soltó una lúgubre
Mirada roja y obscena para ver al llano atrapar al caminante distraído.

IX
¡Por la marca! Apenas me hube
Internado en el llano, tras un paso o dos,
Al detenerme para echar una última mirada atrás
Hacia el camino seguro, éste había desaparecido; gris llanura por todas partes:
Nada salvo planicie hasta el confín del horizonte.
Debía seguir; no había nada más que hacer.

X
Así que, continué. Creo que nunca antes vi
Tan yerma e innoble naturaleza; nada prosperaba:
Por flores- se podía esperar una arboleda de cedros!
Pero la gramínea, el tártago podía, de acuerdo con su ley,
Propagar su especie, sin nada que temer,
Pensarías que una carda habría sido un valioso tesoro.

XI
¡No! Penuria, pereza y mueca,
De alguna extraña forma, eran parte de la tierra. "Mira
O cierra tus ojos," dijo la Naturaleza de mala gana,
"Nada instruye, mi caso no tiene remedio;
Es el fuego del Juicio Final quien debe sanar este lugar,
Calcinar sus suelos y liberar a mis prisioneros."

XII
Si algún rasgado tallo de cardo se elevara
Sobre sus compañeros, le cortaban la cabeza, los torcidos
Sentían celos sino. ¿Qué hizo esos agujeros y rasgaduras
En las ásperas hojas de césped del embarcadero, golpeadas como para impedir
¿Toda esperanza de verdor? Existe alguna bestia que debe andar
Destrozando sus vidas, con bestiales intentos.

XIII
En cuanto a la hierba, crecía tan exigua como el cabello
En la lepra; delgadas hojas secas se erguían en el lodo,
Que por debajo parecía amasado con sangre.
Un yerto caballo ciego, con cada hueso visible,
Permanecía estupefacto sobre cómo llegó allí,
Expulsado de su previo servicio en la caballeriza del diablo

XIV
¿Vivo? Por lo que a mí concierne él podría estar muerto,
Con aquella roja delgadez y el cuello hundido por el esfuerzo
Y los ojos cerrados bajo la enmohecida crin;
Raramente tal monstruosidad iba de la mano con semejante tristeza;
Nunca vi una bestia a la que odiase tanto;
Debía ser perversa para merecer tanto dolor.

XV
Cerré mis ojos y los volví hacia mi corazón.
Como un hombre pide vino antes de luchar,
Pedí un sorbo de anteriores y más felices escenas
Esperando así poder cumplir bien mi cometido
Piensa primero, pelea después- el arte del soldado:
Un paladeo del tiempo pasado lo pone todo en orden.

XVI
¡Eso no! Imaginé el enrojecido rostro de Cuthbert
Bajo el adorno de sus dorados rizos,
Querido amigo, hasta que casi pude sentirlo rodear
Su brazo con el mío para llevarme hacia el lugar,
Como él solía hacerlo. ¡Ay! ¡La desgracia de una noche!
Se apagó el nuevo fuego de mi corazón y lo dejó frío

XVII
Luego a Giles, el espíritu del honor- ahí se yergue él,
Leal como hace diez años recién armado caballero
A lo que cualquier hombre honrado se atreviera (dijo él) él se atrevió.
Bien -pero la escena cambia - ¡Puga! ¿Qué manos patibularias
¿Clavarían un pergamino sobre su pecho? Sus propias manos
Lo leyeron. ¡Pobre traidor, escupió y maldijo!

XVIII
Es preferible este presente que un pasado así;
¡De vuelta hacia mi oscuro sendero otra vez!
Ningún sonido, nada se ve hasta donde alcanza la vista.
¿Enviará la noche una lechuza o un murciélago?
Pregunté, cuando algo en la lóbrega llanura
Vino a interrumpir mis pensamientos y cambiar su curso.

XIX
Un repentino arroyo se atravesó en mi camino,
Tan inesperado como la aparición de una serpiente.
Corriente tumultuosa discordante con las tinieblas;
Ésta, tal como espumeaba, bien podría haber sido un baño
Para la ardiente pezuña de un demonio- al contemplar la ira
De su negro remolino salpicado de escamas y espuma.

XX
¡Tan insignificante, y aún así tan malévolo! A todo lo largo,
Los bajos y esmirriados alisos se arrodillaban ante él,
Los empapados sauces se arrojaban a sí mismos de cabeza en un arranque
De muda desesperación; un suicidio en masa:
El río que les había hecho tanto mal,
Lo que quiera que ello fuese, se iba rodando, sin dejarse disuadir.

XXI
El cual, mientras vadeaba, - ¡Cielo Santo, cómo temí
Poner mi pie sobre la mejilla de un hombre muerto
A cada paso, o sentir la lanza que introduje buscando
Agujeros, enredada en su cabello o su barba!
- Pudo haber sido una rata de agua lo que ensarté
Pero, ¡Ugh! Sonó como el chillido de un bebé.

XXII
Me sentí alegre al llegar a la otra orilla.
Ahora en pos de una tierra mejor. ¡Vano Presagio!
¿Quiénes eran los contendientes, qué guerra libraban,
Cuyo salvaje pisoteo hollaría así el húmedo
Terreno y lo convertiría en una charca? Sapos en un aljibe envenenado,
O gatos salvajes en una jaula de hierro candente.

XXIII
Así debió haberse visto la batalla en aquel claro talado.
¿Qué los acorraló allí, con toda la planicie a su disposición?
No había huellas que condujeran hacia aquellos hórridos maullidos,
Nada salvo eso. Loco brebaje elaborado para que
Sus cerebros piensen, sin duda, como los de los galeotes que el Turco
Enfrenta para divertirse, Cristianos contra Judíos.

XXIV
¡Y más que eso - un estadio más adelante- por qué, ahí!
¿Para qué maléfico uso serviría ese mecanismo, esa rueda,
O freno, no rueda- esa trilla lista para devanar
Cuerpos de hombres como si fuesen seda? Con todo el aspecto
De la herramienta de Tophet, abandonada inadvertidamente en la tierra,
O traída para afilar sus enmohecidos dientes de acero.

XXV
Luego vino un tramo de tierra llena de tocones, otrora un bosque,
Después una ciénaga, o así parecía, y entonces sólo tierra
Desesperada y abandonada (al igual que un tonto halla regocijo,
Hace una cosa y luego la estropea, hasta que su ánimo
¡Cambia y entonces se marcha!) durante un cuarto de acre-
Lodo, arcilla y grava, arena y sombría desolación negra.

XXVI
Ora inflamadas erupciones, de colores vivos y horrendos,
Ora terrenos donde la aridez del suelo
Se volvía moho o una sustancia como forúnculos;
Y apareció un roble paralítico, con una hendidura en él
Como una boca angustiada que resquebraja su corteza
Boqueando a la muerte, y muriendo mientras se repliega.

XXVII
¡Y tan lejos como siempre del final!
Nada en la distancia salvo la noche, nada
¡Hacia dónde dirigir mis pasos! Mientras lo pensaba,
Un gran pájaro negro, el íntimo amigo de Apollyon,
Pasó volando, sin batir sus amplias alas de pluma de dragón
Que rozaron mi gorro- quizá era la guía que yo buscaba.

XXVIII
Pues, mirando hacia arriba, de alguna manera me di cuenta,
A pesar del ocaso, de que la llanura había cedido su lugar
En derredor a las montañas- por honrar con semejante nombre
A los feos y apenas cerros y montículos que tapaban la vista.
Cómo de tal modo me habían sorprendido, - acláralo, ¡Tú!
Cómo salir de ellos no estaba muy claro.

XXIX
Sin embargo, una parte de mí pareció descubrir algún truco
malévolo que me aconteció, Dios sabe cuándo-
En alguna pesadilla tal vez. Aquí terminaba, entonces,
Seguir por ese camino. Cuando, en el preciso momento
De darme por vencido una vez más, escuché un chasquido
¡Como el de una trampa al cerrarse- te hallas en la guarida!

XXX
Como en una llamarada comprendí todo súbitamente,
¡Éste era el lugar! Esas dos colinas a la derecha,
Agazapadas como dos toros con las astas trabadas en pelea;
Mientras a la izquierda, una alta y trasquilada montaña… So tonto,
Viejo senil, dormitando justo ahora
¡Tras pasar una vida adiestrándote para verla!

XXXI
¿Qué se asentaba en el medio sino la Torre misma?
La redondeada torreta achaparrada, ciega como el corazón del loco,
Construida en piedra parda, sin parangón
En el mundo entero. El burlón elfo de la tempestad
Señala con el dedo al marinero, de este modo, el ser invisible
Le ataca, solamente cuando el navío zarpa

XXXII
¿No ves? ¿Acaso por la noche?- por qué, el día
¡Regresó para eso! Antes de irse,
El moribundo ocaso ardió en una fisura;
Las colinas, como gigantes en cacería, yacen
Con la barbilla en mano, para ver la caza acorralada-
"¡Ahora apuñala, y termina con la criatura- hasta el mango!"

XXXIII
¿No escuchas? ¡Si hay ruido por todas partes! El tañido
creciente de una campana. Escuchaba
Los nombres de todos los aventureros desaparecidos, mis pares-
Cómo tal era fuerte, y cual valeroso,
Y el otro afortunado, sin embargo, cada uno de ellos de tiempos pasados
¡Perdidos, Perdidos! En un momento tocaba a muerto por años de tristeza

XXXIV
Ahí se encontraban, alineados a lo largo de las faldas de las colinas, reunidos
Para verme por última vez, un marco viviente
¡Para un cuadro más! En un lienzo en llamas
Les vi y les reconocí a todos. Y sin embargo,
Impávido, llevé a mis labios el cuerno,
Y toqué. "El noble Roland ha llegado a la Torre Oscura".

Robert Browning, 1855

Dado que acabo de terminar la lectura de La Torre Oscura V: Lobos del Calla, de Stephen King, me pareció apropiado dejar aqui constancia del poema de Robert Browning que inspiró a King a la hora de iniciar la escritura de la que es su auténtica obra magna y una de las sagas más interesantes de la literatura fantástica.

Ahora en espera de que salga el volumen VI para saber como siguen las cosas para Rolando y su ka-tet...

martes, diciembre 14, 2004

TAD WILLIAMS (IV): Otherland

Otherland

Permitidme que ‘plagie’ la frase promocional de Matrix para referirme a la obra que vamos a tratar: No se puede explicar que es Otherland, tienes que leerlo.

Claro que yo intentaré, en mi vana presunción, al menos dejar claro de que va la idea. Otherland es, hasta la fecha, el último gran trabajo de Williams. Tras Añoranzas y Pesares se repitió en cierta medida lo mismo que ocurrió con el éxito de La Canción de Cazarrabo: La gente quería más de lo mismo, quería más Osten Ard, más épica. Y como en la otra ocasión, el bueno de Tad volvió a darles con un canto en los dientes.

Puedo imaginarme la sorpresa (sorpresa que yo no viví, estaba sobre aviso) de los lectores al encontrarse con ese primer volumen de llamativo título, La Ciudad de la Sombra Dorada (1998), abrirlo y comenzar la lectura... y encontrarse con nuestra vieja Tierra, primero con un momento en plena Segunda Guerra Mundial que finaliza de forma onírica, surreal y terrorífica para luego saltar a Sudáfrica, en un futuro relativamente próximo y considerablemente problemático en según que partes del mundo (impagable los cortes de noticias internacionales que abren cada capítulo poniéndonos en situación) en el cual gran parte de la población se pasa el tiempo enganchada a la red de realidad virtual. Si, de sithas, espadas y épica saltamos a una obra que bebe del cyberpunk. Cyberpunk, si, pero con matizaciones, muchas matizaciones. A decir verdad, la realidad virtual es usada por Williams como un simple recurso. La novela gira en torno a ella, pero que no se asusten los profanos, pues el autor no entra en complejidades técnicas ni pretende construir una obra con un argumento propio de novela negra (si bien conserva elementos menores). Al primer volumen lo seguirían Río de Fuego Azul (1998), La Montaña de Cristal Negro (1999) y Mar de Luz Plateada (2001), éste último aún inédito en nuestro país (¡porca miseria!)

La Ciudad de la Sombra Dorada

Williams se sirve de la realidad virtual como herramienta para la creación de toda clase de mundos fantásticos, unos más detallados que otros, más reales que otros, donde cada persona puede aparecer encarnada con el simuloide que prefiera, ya como miembro del sexo opuesto, o como animal, u objeto aparentemente inanimado... incluso uno puede pasearse por ahí convertido en una pintura abstracta... siempre que tu equipo de conexión lo permita, pues los hay de distintos grados de detalle, realismo, etc... Es en esa realidad virtual donde se internan los protagonistas principales, Renie y !Xabbu (no, no está mal escrito), profesora universitaria y alumno bosquimano (uno de los últimos) respectivamente, que comienzan a indagar en los dos mundos, real y virtual, los sucesos que han provocado el coma del hermano menor de Renie y de millones de niños en todo el mundo. Su investigación les pone en peligro, a ellos y a los que les rodean, y los llevará a enfrentarse a una poderosa organización, la Hermandad del Grial, que guarda un oscuro secreto: la red Otherland, el compendio de mundos virtuales más perfectos jamás creados en los que unos locos poderosos pretenden fijar sus consciencias para prescindir de sus cuerpos físicos y poder ser inmortales y vivir como dioses en sus parcelas virtuales, a costa de lo que sea. Renie y muchos otros que han seguido caminos paralelos al suyo, se verán aprisionados en esa red, de la que no pueden salir, envueltos en una odisea virtual que los llevará a enfrentarse con los responsables.

A priori esa es la base de la trama... trama que Williams complica asombrosamente, cruzando distintas historias, personajes enigmáticos a más no poder cuya relación con Otherland está inicialmente poco clara (fantástico ese Ulises virtual y amnésico que es Paul Jonas), toda clase de cabos y elementos arguméntales que van encajando poco a poco formando un enorme retablo narrativo con una historia que comienza como una conspiración pero que poco a poco va cobrando tintes apocalípticos, una historia donde Williams deja fluir su lado más oscuro como escritor, con algunos turbadores momentos dignos de un Stephen King de lo más inspirado. Puede achacársele, al igual que a Añoranzas y Pesares, cierta lentitud narrativa ocasional, pero solo por ver las geniales caracterizaciones de los personajes y poder apreciar todos los detalles de ese sinfín de mundos virtuales vale la pena. Cabe mencionar también como Williams se sirve de los mundos virtuales para homenajear toda clase de obras. Ese País Medio, un enorme rpg virtual que recuerda a SDLA o a D&D (y no es la única referencia a la obra de Tolkien y similares) o algunos de los mundos que atraviesan Paul Jonas o los demás personajes: desde homenajes (y corrupciones siniestras al servicio de la trama) al Marte de Burroughs, a Alicia en el País de las Maravillas, La Guerra de los Mundos, El Mago de Oz, los cartoons animados, las obras de Homero, etc...

Río de Fuego Azul

En resumen, una obra en la que Williams se arriesga, intentando innovar a partir de elementos ya muy mascados, y consiguiéndolo en parte. Porque esta saga no es algo totalmente nuevo, pero tampoco es algo totalmente viejo. Es un extraño híbrido literario de toda clase de elementos en el que el autor muestra su cariño a toda clase de obras y elementos de sus predecesores, poniéndolos al servicio de una trama oscura e inquietante en la que cuesta mucho ver atisbos de final feliz.

Llegamos así hasta el final de este último post dedicado a Tad Williams y a su obra. Quizá el día que la última entrega de Otherland llegue a España pueda ampliarlo, o quizá tenga que esperar a que lleguen las primeras entregas del nuevo trabajo que ha iniciado en USA y del cual ya lleva un tomo publicado, en una serie de novelas que parece ser un regreso al terreno narrativo épico propio de Añoranzas y Pesares (aunque con otra ambientación, en otro mundo).

lunes, diciembre 13, 2004

TAD WILLIAMS (III): Añoranzas y Pesares: Personajes

Añoranzas y Pesares cuenta con un reparto multitudinario, por lo que me resulta poco más que imposible dar cuenta de todos aquellos que desfilan por las páginas de la narración. De esta forma, me limito a reseñar a los más importantes para la trama, es decir, los ‘peces gordos’ argumentalmente hablando... No están todos los que son pero si son todos los que están.

Simón (Seomán): Protagonista casi absoluto en torno al cual giran muchos de los más importantes sucesos de la historia. En Simón se centran prácticamente todos los tópicos propios del ‘heroe accidental’ de la fantasía heroica: Es huérfano, de ascendencia poco clara (con cierto secreto la mar de gordo), se ve metido en los acontecimientos de forma casual, en parte por el destino, en parte por sus propias acciones. A lo largo de los cuatro volúmenes de la obra (originalmente tres, el último fue dividido) Simón pasa de adolescente a adulto. Es descrito como un muchacho alto y desgarbado, pelirrojo, no muy despierto, de carácter distraído y con una curiosidad enorme respecto a la historia de la tierra que le rodea. Poco a poco su choque contra el mundo real y cruel al que se verá lanzado irá conformando un carácter que traspasará varias etapas hasta llegar a ser el de un adulto que mantiene algo del atolondramiento del muchacho que fue, pero revestido con cierta madurez y convicción, inclinación al perdón, y ante todo, la capacidad de sacrificarse por los que quiere.

Binabik: Su nombre completo es Binbiniqegabenik. Pertenece al pueblo qanuc de las montañas y es el aprendiz de Ookeqk, el ‘hombre cantor’ (sacerdote, estudioso...) de su pueblo. A lo largo de la narración Binabik se convierte en el mejor amigo y gran compañero de Simón y en parte llega a ser una figura fraternal para el muchacho, una suerte de hermano mayor que ayuda al joven a afrontar muchos de los sucesos, situaciones y dilemas en los que se verá envuelto. Como todos los de su pueblo Binabik es de baja estatura (poco más de un metro), robusto y de gran resistencia. A diferencia de sus congéneres no utiliza a los carneros de las montañas como montura, sino a una loba, Qantaqa.

Miriamele: Hija del Rey Elías y princesa de Osten Ard. Miriamele se presenta como una joven descontenta con muchos aspectos de la vida en la corte, sobre todo la soledad, que no duda en escabullirse haciéndose pasar por doncella o incluso travistiéndose para pasar por un muchacho. Obstinada, tozuda, de carácter fuerte que en realidad oculta más vulnerabilidad de la que querría admitir, Miriamele sigue su propia odisea personal en la novela y al igual que Simón ella también madura, sobre todo por las malas. Desde el principio queda claro que los dos están condenados a entenderse.

Morgenes: Doctor de la corte de Osten Ard y médico del fallecido Rey Juan el Presbítero (padre de Elías y Josua), estudioso, sabio, historiador, alquimista, un poco mago y miembro de la orden de sabios conocida como Liga del Pergamino. Morgenes se convierte en tutor de Simón y marca muchos de los aspectos morales del carácter del joven que guiarán a este tras su muerte. Es uno de los pocos que sabía realmente lo que estaba ocurriendo y muchas de las pistas ocultas que hay en los escritos que deja a Simón tras su muerte servirán de ayuda a nuestros héroes.

Josua: Hijo menor del fallecido Juan el Presbítero, príncipe de Osten Ard, Señor de Naglimund y tío de Miriamele. Josua nos es presentado inicialmente (a través de las impresiones de su padre) como un ser de carácter débil, tortuoso y atormentado. Pero no tarda en revelarse como uno de los personajes de mayor entereza y nobleza de la historia, si bien es cierto que cuenta con una considerable falta de autoestima. Lo último que desearía es convertirse en opositor de su hermano y jefe militar, pero los sucesos lo llevan a ello para hacer frente a la tiranía de Elías y a los poderes oscuros que lo controlan.

Elías: Rey de Osten Ard tras la muerte de su padre. Elías es descrito como alguien de carácter franco, brutal, orgulloso, fuerte, que guarda en su interior un gran dolor y también resentimiento hacia su hermano menor. Se convierte en peón de las fuerzas oscuras que desencadenan el conflicto en toda la tierra de Osten Ard y a lo largo de la narración asistimos a su degradación física y moral, hasta caer de lleno en la locura.

Pyrates: Una víbora hecha hombre. Responsable último de lo sucedido a Elías y de que las nornas y el Señor de la Tormenta inicien sus planes de sometimiento de la humanidad. Su motivación a la hora de servir a tal amo se fundamenta en la búsqueda insaciable de poder y del conocimiento absoluto. Pyrates es extremadamente cruel, amoral, solo se preocupa por si mismo, desprecia a todos los que le rodean y se regocija en el dolor ajeno y en la manipulación a la que somete a muchos de los que están junto a él. Sus tratos con el Señor de la Tormenta le han otorgado una considerable cantidad de poder, por lo cual no se le debe subestimar en ningún aspecto. Por lo que se sabe fue miembro de la Liga del Pergamino en su juventud. Gente como Morgenes y otros miembros aún deben estar tirándose de los pelos.

Jiriki: Miembro del pueblo de los sitha, los inmortales, del cual es príncipe. Es difícil describir su carácter, muy variable y ‘ajeno’ a lo humano, como todos los sitha. Jiriki suele mostrarse más cortés y amable con los mortales que otros miembros de su pueblo, lo cual denota que el príncipe no está dispuesto a dejarse llevar por el resentimiento y que prefiere juzgar a las personas como individuos y no como miembros de un grupo. Entre el y Simón llega a forjarse cierta amistad y respeto mutuos derivados de una deuda de honor: Jiriki le debe la vida al joven.

Aditu: Hermana menor de Jiriki. Su carácter también es difícil de describir, pero podríamos decir que es una sitha de carácter increíblemente extrovertido, muy dada al humor y a los juegos, con cierto aire de inocencia maliciosa y sus buenas dosis de ironía, aunque como todos los de su pueblo deja traslucir ocasionalmente la melancolía por el pasado perdido. Los mortales la fascinan al comprobar las diferencias y parecidos entre ellos y su propio pueblo. Siente una simpatía inmediata por Simón, aunque a veces parece tratarlo más como un animalito simpático que como un muchacho.

Ineluki: El Señor de la Tormenta. La historia de Ineluki es una gran tragedia que ha marcado su puesto como ‘Señor Oscuro’ particular de Osten Ard. Príncipe de los sitha en el pasado, no deseando resignarse a que su pueblo perdiera sus tierras frente a los humanos forjaría de forma antinatural a la espada Jingizu (Dolor), una de las Tres Grandes Espadas en torno a las cuales gira la historia. También sería responsable de la muerte de su propio padre hasta llegar a su propia muerte, tras la cual se convirtió en un ente incorpóreo cargado de odio y que lleva planeando en las sombras junto a las nornas desde tiempos inmemoriales para recuperar el poder perdido y acabar con la humanidad.

Y así llegamos al final, dejando a muchos otros personajes de más o menos importancia en el tintero. Gente como Tiamak, Jarnauga, Sludig, Cadrach, Vorzheva, Leleth, Geloë, Raquel, Deornoth, Strangyeard, Isgrimnur, Sangfugol, Isorn, Maegwin, Eolair, Amerasu, Camaris, Jeremías, Aspitis, Fengbald, Guthwulf, Streawe, Ingen Jegger, etc...

En el próximo (y último) post sobre Williams y su obra toca hablar ya de una historia muy distinta. Una historia de otra tierra.

jueves, diciembre 02, 2004

TAD WILLIAMS (II): Tres Espadas Para Dominarlos a Todos

Simón y la espada Espina

Hay muchas, muchas, pero que muchas sagas de fantasía épica a la sombra de El Señor de los Anillos, sirviéndose de elementos inspirados en la obra de Tolkien (elfos, enanos, etc.) y usando ese mismo esquema de trama argumental del que ya hemos hablado en el anterior post sobre Williams.

¿A que viene esto? Viene a que después de Cazarrabo, Tad Williams se metió de cabeza en un proyecto literario que si no se tenía cuidado contaba con todos los puntos para ser la enésima obra que estuviese a la sombra del SDLA, pero por suerte no fue así. No fue así porque en ningún momento Tad toma elementos propios de Tolkien (bueno, puede que algún elemento aislado si, dada la gran admiración de Tad respecto a la obra del profesor) pero si se apropia de los mismos elementos y tópicos que seguramente inspiraron a Tolkien y que como ya se ha dicho ya encontrábamos en La Canción de Cazarrabo. Tad inició así la escritura de Añoranzas y Pesares cuya primera parte sería publicada en 1988 con el título de El Trono de Huesos de Dragón. Aquellos que se esperaron un segundo Cazarrabo seguramente se llevaron toda una sorpresa, encontrándose una novela de gran extensión, reparto multitudinario e increíblemente variado y con una historia propia de la fantasía épica: enemigo ancestral, objetos de gran poder que deben ser hallados (en concreto, tres espadas de gran importancia), héroe casual, etc. A esta primera entrega la seguirían La Roca del Adios (1990), A través del Nido de Ghants (1993) y La Torre del Ángel Verde (1993), construyendo una obra que a día de hoy quizá no sea tan ‘de culto’ como su cuento gatuno pero que si que cuenta con sus respectivos admiradores y detractores. Es una obra larga, considerablemente larga, bien escrita y construida, pese a pecar de cierta lentitud en su arranque (Williams se explaya a la hora de presentar sus personajes y su entorno con todo lujo de detalles) y de algunas partes que puede suponer un bajón de ritmo en la trama. Por lo demás el resultado es más que excelente, siendo considerada por muchos lectores la Guerra y Paz de la literatura fantástica (puesto que seguramente le arrebate La Canción de Hielo y Fuego de George R.R. Martin, obra que espero poder leer un día de estos).

Volviendo de nuevo a las relaciones con el trabajo de Tolkien, he de decir que uno de los principales argumentos de los detractores de A&P es su parecido con SDLA, llegando al extremo de acusar a Williams de plagio por el simple hecho de servirse de los mismos elementos básicos para construir una historia bien distinta. Es como si acusáramos a Tolkien de plagiar El Anillo de los Nibelungos. Y es que el que ciertas personas argumenten que Osten Ard (mundo donde se desarrolla la historia que nos ocupa) es un calco de la Tierra Media es poco más que una desfachatez. Si en algo se inspira (o calca) Osten Ard es en la Europa Medieval: Tenemos un buen número de naciones entre las que podemos reconocer los prototipos de los pueblos centroeuropeos (erkynos), celtas (hernystiros), nórdicos (rimmerios) e incluso una nación ‘mediterranea’ que en el pasado fue el centro de un gran imperio (Nabban)... ¿os suena de algo, no? Si todo eso es un calco de Rohan, Gondor, Bree y la Comarca que baje Dios y lo vea. Y hablando de Dios, la inspiración medieval no solo se limita a los aspectos étnicos o territoriales, sino también a los religiosos, ya que nos encontramos en la novela a toda una religión calcada del cristianismo. Pero claro, en una obra de fantasía no todo tienen que ser seres humanos. Y así nos encontramos a pueblos como los habitantes del Wran, que si bien son humanos, cuentan con un modo de vida radicalmente distinto al de sus congéneres, pasando el día a día en un entorno tan hostil como los pantanos. Al norte, en los puntos más altos y fríos, nos encontramos al pueblo de los Qanuc (Gnomos), seres de baja estatura (tamaño hobbit más o menos), fuertes y robustos, guerreros y cazadores, que recorren las montañas montados sobre carneros (aunque cierto miembro de su pueblo cabalga sobre una loba). Otra cosa son los bukken (cavadores) y los hünen (gigantes), seres salvajes, casi irracionales y dañinos, títeres ideales para el poder oscuro que se desata en la novela. Y finalmente llegamos a los inmortales: Los Sitha y las Nornas.

Los Sitha (también conocidos como Zida’ya, Hijos del Amanecer) llegaron de más allá del mar en un tiempo anterior al hombre, huyendo de una Sombra (¿algún día nos contará Tad esa historia?) que se abatió sobre sus tierras. Durante un tiempo fueron amos y señores en Osten Ard pero poco a poco el crecimiento y expasión de los humanos provocó que se vieran obligados a recluirse en lugares apartados y refugios, sobre todo después de que los hombres descubrieran el hierro, venenoso para los sitha. Hay quien dice que los sitha son a esta obra lo que los elfos a la de Tolkien (y al 90% de las novelas fantástico-heroicas con figuras élficas): si y no. Cierto que en muchos aspectos coinciden (la inmortalidad, su belleza, etc...) pero por lo demás son bien distintos. Con su piel bronceada, su cabello blanco (que suelen teñirse), sus ojos amarillos y zorrunos, la asombrosa flexibilidad y agilidad de su cuerpo, su variada vestimenta para cada ocasión (desde ropa de abrigo a simples taparrabos), su carácter de extrañeza frente a los humanos (para muchos de ellos somos poco más que ‘animales’) que puede abarcar desde la curiosidad y la cordialidad hasta la hostilidad y el resentimiento, etc... Toda una serie de elementos y pequeños detalles que aleja a los sitha del prototipo de elfo tolkienano.

Las Nornas (Hikeda’ya, Hijos de la Nube, conocidas por los pueblos norteños como Zorras Blancas), sus ‘primas’, son en realidad una suerte de familia o clan escindido de los sitha que ha constituido un pueblo aparte, con sus características físicas y culturales propias (aunque comparten lenguaje). Su aspecto físico está marcado por la blancura marmórea de su piel y cabellos, con ojos oscuros en contraste, rostro anguloso y duro, y cierto aire de crueldad innata. Si los sitha en general abogan por desentenderse del dominio humano y recluirse y ocultarse, el pueblo de las nornas se recluye y oculta con la esperanza de algún día poder recuperar el dominio perdido y exterminar a los insolentes mortales que se lo arrebataron y a los que odian enormemente. Es eso lo que lleva a las nornas y a su reina a pactar y ponerse al servicio de Ineluki, Rey de la Tormenta, el ‘enemigo’ de la historia (aunque el verdadero villano como queda claramente reflejado, es el sacerdote Pyrates, su siervo) y desencadenante de todos los sucesos que caen sobre Osten Ard.

Aquí terminamos este, post por el momento. El próximo estará dedicado a los personajes más importantes de Añoranzas y Pesares y al papel que representan en la historia.

lunes, noviembre 22, 2004

TAD WILLIAMS (I): Un gato llamado Cazarrabo.



Este tipo engaña un poco por su apariencia pues aunque no lo parezca es uno de los escritores más interesantes (y me temo que menos conocidos) de la moderna literatura fantástica: Tad Williams. Tad nació en 1957 en San José, California, cursando sus estudios superiores en Berkeley. Durante su juventud pasó una buena temporada saltando de empleo en empleo o alternándolos. Ahí donde le ven el señor Williams ha sido cantante en un grupo de rock, vendedor de calzado, director de una institución financiera, repartidor de periódicos, etc... También fue presentador de un programa radiofónico durante 10 años, ha trabajado en teatro y televisión, ha impartido clases como profesor en la universidad... Desde luego no es una persona que se esté quieta. Era 1985 cuando debutó en el mundo de la literatura con su primera novela, que sorprendió a propios y extraños. Una novela que en muchos aspectos sigue los patrones clásicos de la literatura fantástica post-Tolkien (héroe casual, viaje epopéyico, pruebas y peligros que superar... vamos lo que encontramos en muchas ‘dragonadas’) con la salvedad de que aquí no hay valerosos hobbits (o halflings), ni elfos, ni orcos... solo un buen número de pájaros, ardillas y gatos, sobre todo muchos gatos.

La Canción de Cazarrabo

La Canción de Cazarrabo produce al inicio de su lectura la sensación de estar en un cuento, algo reforzado por el protagonismo de los animales en la obra. Desde el comienzo queda claro que los gatos son los protagonistas, todo gira en torno a ellos y todo la novela, pese a estar narrada en 3ª persona, cuenta con un punto de vista gatuno, y es que desde ese comienzo en el que se nos muestra una suerte de Génesis y cosmogonía en versión felina queda claro a que debemos atenernos. Es una novela por y para gente a la que le gusten los gatos. Si uno es de los que prefieren a los cánidos será mejor que se abstenga porque no es que los perros queden en muy buen lugar (punto de vista gatuno de la historia ¿recordáis?). El hecho de que al comienzo la novela produce la impresión de estar ante una suerte de cuento, una fábula, algo similar a El Hobbit de Tolkien, queda desmentido al finalizar la lectura. Y es que a lo largo de la progresión argumental de la historia el dramatismo derivado de los sucesos en los que se ve envuelto el personaje va en aumento hasta alcanzar un punto de no retorno. Esto también ocurre en El Hobbit tolkienano, pero sin llegar a los extremos de crudeza y elementos terroríficos de los que puede llegar a hacer gala la obra de Williams.

Lo que si queda claro una vez leída la obra es que ésta bebe de los tópicos más propios de la fantasía épica y que con Tolkien quedaron más o menos fijados de forma casi definitiva. No creo que Tad se sirva de estos tópicos por una falta de originalidad, sino más bien por el hecho de que su único objetivo es contar una historia sencilla y eso es en ciertos aspectos ‘contar la historia de siempre’. Es algo similar a esos argumentos del héroe solitario que ayuda a los habitantes de una población (el caballero andante, el ronin, el jinete solitario)... son historias tan viejas como el mundo y que siempre funcionan. Y la historia del héroe envuelto en un gran viaje funciona, desde luego. Solo que en éste caso el héroe es un gato, Fritti Cazarrabo, huérfano como todo buen héroe de fantasía épica (perdió a su madre y a todos sus hermanos), que se mete él solito de cabeza en los problemas al partir en busca de su amiga Pata Suave y que acabará metido en un enfrentamiento con el clásico ser maligno de origen ancestral (el tópico del Mal Antiguo) y capacidades pseudo-divinas que vuelve del mundo de las sombras para vengarse y reinstaurar su poder. La historia de siempre, solo que contada con una frescura y con unos personajes y escenarios tales que parece algo totalmente nuevo. El hecho de que el final sea considerablemente agridulce y abierto, rompiendo algún que otro convencionalismo (no es el protagonista quien salva el día señores, ni se queda con la chica), no hace más que ayudar a ello.

La Canción de Cazarrabo fue un éxito que se vendió bastante bien, cosechó una ración de buenas críticas (aunque también tiene su buen número de detractores) y a día de hoy es prácticamente una obra de culto con toda una legión de admiradores. Admiradores que en su momento seguramente esperaron que Tad prosiguiera el filón con más historias de Cazarrabo y compañía. No tenían ni idea de que el californiano tenía algo muy distinto en mente.

Y grande.

viernes, noviembre 05, 2004

Serie B Literaria

Teddy London

Me encuentro ahora mismo en plena lectura de Enemigos de la Luz (The Stench of Fresh Air), de C.J. Henderson, primer libro de la serie de su personaje Teddy London.

He de ser franco: no es un buen libro. La verdad es que es bastante malillo, simplón, con un estilo de escritura no muy elaborado y forzado en ocasiones, como si se nos estuviera contando una historia corta estirada ad nausean para intentar conformar una novela. En resumen, el libro es malo... pero me está gustando. Si queríais otra prueba de que no soy precisamente la persona más congruente o lógica del mundo ahí la tenéis.

Y es que pese a sus defectos, me lo estoy pasando bien con el libro, consigue que uno se divierta si no tiene nada mejor que hacer por las tardes, lo que lo convierte en una lectura ideal para las horas muertas. A eso se le añade un más que saludable tono de relato pulp, al que parece que se quiere homenajear. Y es que en esta época en la que las novelas de terror suelen ser a cada cual más rebuscada para intentar dar la vuelta de tuerca necesaria para acojonar al personal, no deja de resultar curioso una novelita (en este caso, una serie de novelitas) que va a palo seco, presentándonos a una caterva de monstruos, vampiros y hombres lobo a la antigua usanza, con un buen montón de casquería y con un protagonista que lo resuelve todo (y cuando digo todo, es TODO) a tiros y cuchilladas. Y es que en pocas novelas de terror actuales te encuentras con un bicho horrendo atravesando la ventana y atacando al héroe a la altura del capítulo 6 (más o menos a los 15 minutos de comenzar la película) que para sobrevivir se ve forzado a acribillar al bicho a balazos y a destriparlo con su cuchillo, provocando mareas y mareas de fluidos descritos en la novela como “espeso pure de guisantes”. Toma, homenaje a El Exorcista solapado.

Y es que el protagonista es lo mejor. Theodore ‘Teddy’ London, detective privado, a ratos más duro y pasota que una pared de mármol para acto seguido demostrar que tiene su corazoncito. Y lo resuelve todo a tiros, como ya he dicho antes. Ni investigación, ni deducción ni uso de la lógica... solo esperar a que aparezcan los bichos y tiros, tiros y más tiros. Y es que no se puede esperar mucho más de un tipo que tiene como armas a una pistola llamada Betty y a un cuchillo llamado Verónica y al que una tormenta le acaba de freir y mandar al carajo todos sus archivos de trabajo. A eso añadidle que comienza pareciendo un detective corriente y moliente para luego descubrir que tiene la habilidad paranormal de poder adentrarse en el mundo onírico, el plano de los sueños. ¿A vosotros también os parece sacado de un videojuego?

Resumiendo, un libro malo pero divertido, ideal para pasar el rato e incluso poder echarse unas risas si uno está por la labor. Uno no puede dejar de pensar como sería esta historia en manos de un mejor escritor. Seguramente mucho mejor escrita e interesante, con personajes que no sean tan planos como una tabla de planchar, pero lo más probable es que perdiera su... erm... llamémoslo “frescura”.

martes, octubre 12, 2004

Buenos Presagios

"Las Buenas y Ajustadas Profecías de Agnes la Chalada"

El comentario sobre Hellboy fue tardío y a destiempo, y para no perder la tónica aquí llega también tardíamente mi opinión sobre una de mis últimas lecturas: Buenos Presagios, de Terry Pratchett y Neil Gaiman.

El Fin del Mundo, el Fin de los Días, el Apocalipsis, el Armaggedon, etc... muchos nombres distintos para un mismo hecho: el advenimiento del Anti-Cristo y el inicio de la guerra celestial entre Cielo e Infierno, un Gran Plan que lleva gestándose desde el año 4004 a.C, en el que Dios creó el mundo tempranito por la mañana porque le gusta trabajar cuando hace fresco (los fósiles de dinosaurios y cosas por el estilo son un chiste que los paleontólogos no han pillado). Y ese momento se acerca, el Anti-Cristo está en la Tierra y falta poco para el comienzo del fin... o eso se supone. Porque tras una leve confusión en el momento de su nacimiento, el Hijo del Adversario no ha sido criado tal y como debería, escapando a las diversas influencias maléficas que deberían hacer de él un satánico redomado que odiase la humanidad. El resultado de esa falta de control ha sido que no tenemos ni al Bien encarnado, ni al Mal encarnado... sino a un humano encarnado. Y eso les complica mucho las cosas a Azirafel y Crowley, ángel y demonio respectivamente, que se ven metidos en el embrollo, junto con la pandilla de amiguitos del Anti-Cristo, un par de cazabrujas, la descendiente de una bruja que previó todos los hechos, y Los Cuatro Moteros del Apocalipsis. Ah, y un Perro.

Buenos Presagios es una parodia, pero al mismo tiempo, una novela tremendamente original. Tomando las premisas básicas de films como La Profecía, junto con elementos extraídos directamente de la mitología cristiana, Pratchett y Gaiman componen una historia humorística que muestra un Apocalipsis la mar de curioso. Entre las catástrofes que asolan la tierra nos encontramos: alienígenas predicando paz y amor, monjes budistas excavando y surgiendo en los jardines, pescado cayendo del cielo, y un reactor nuclear cuyo interior se convierte en un caramelo. El estilo de Pratchett lo inunda todo, y podría decirse que la obra es más de él que de Gaiman, ya que por lo visto este solo colaboró en algunos aspectos generales de la trama, la idea inicial y unas pocas referencias y chistes, dejando todo lo demás para Terry.

El humor se sucede página tras página, desde simples diálogos hasta gags realmente visuales, aunque en ocasiones basta con el simple hecho de poner a un personaje cualquiera en contraste con los extraños sucesos que tienen lugar. Por otra parte, los personajes están endiabladamente bien construidos, destacando el dúo protagonista que hace que a ratos la novela parezca toda una buddy movie. Claro que un ángel y un demonio de compañeros no pegan mucho, la verdad, pero entre Azirafel y Crowley podría decirse que hay cierta amistad. Tantos siglos viviendo entre los humanos hacen que uno se humanice, son cosas que pasan. También nos encontramos a Adán, el Adversario, Destructor de Reyes, Ángel del Pozo sin Fondo, Gran Bestia que... bueno, el Anticristo, un personaje que llega a caernos simpático ya que es presentado de tal forma que uno se da cuenta de que el pobre es 'inocente' respecto a su naturaleza, lo cual queda especialmente claro en el trepidante tramo final de la novela. Y es que al igual que en otras obras de Pratchett, todos los sucesos se disparan en un final acelerado donde confluyen todos los cabos sueltos de la trama con un ritmo realmente logrado, consiguiendo una sensación de "gran final" de lo más agradable.

Buenos Presagios, una comedia satánica (como diría Alex de la Iglesia) con la que se alterna la reflexión, la sonrisa y la carcajada. Forma parte del plan inefable, y si no pregúntenle a Azirafel.

domingo, septiembre 26, 2004

Hyperion

Acabo de finalizar la lectura de Hyperion, de Dan Simmons y ahora mismo ando como loco rezando para algún día poder hacerme con La Caída de Hyperion.

Había leído muchas opiniones previas sobre la novela, la mayoría de las cuales la ensalzaban y describían como la obra cumbre de la literatura de ciencia-ficción de los últimos quince años, situándola por encima de clásicos consagrados como Dune (Frank Herbert), Fundación (Asimov), Las estrellas de mi destino (Alfred Bester), etc... Tras la lectura puedo confirmar que muchos de esos comentarios no se quedaban cortos y que es una obra "grande" que va más allá de la space opera. Y es que a veces no importa lo que se cuenta, sino como se cuenta.

En Dune, una historia épica era la clave para un análisis de un ecosistema y una reflexión sobre el mesianismo y el poder. En la Fundación de Asimov nos encontramos con un trasfondo que es poco más que un estudio de las sociedades humanas y su evolución histórica, etc... ¿Y en Hyperion? En Hyperion nos encontramos (¡sorpresa!) con un homenaje a un poeta. A John Keats en concreto, autor en su día de un poema inacabado, de nombre Hyperion (1818), revisado en 1819 con el título de La Caída de Hyperion (que Simmons tomaría para la continuación del libro que nos ocupa). El homenaje a Keats no se encuentra solo en el título (y nombre del planeta en torno al cual gira la historia), sino en cierto trasfondo de la novela, en un personaje y seguramente en cientos de detalles que a mi se me han escapado. Pero no solo es un homenaje a Keats... es prácticamente un homenaje a toda la literatura. Desde la estructura de la obra, que recuerda a los Cuentos de Canterbury, hasta alusiones a Shakespeare, referencias al Beowulf (y sobre todo, a su Grendel, representado en cierto modo en la novela por el temible Alcaudón), a las novelas de Marlowe, etc... Un buen conocedor de la literatura clásica y de la literatura de ci-fi moderna podría pasarse toda la novela descubriendo las alusiones a otras obras.

En Hyperion nos encontramos con una trama interesante en la que un grupo de personajes lleva a cabo la última peregrinación a las Tumbas del Tiempo, enigmático lugar situado en el planeta Hyperion y en el que merodea el Alcaudón, una extraña criatura que parece estar más allá de la comprensión humana y que es venerada por los miembros de la Iglesia de la Expiación Final como Señor del Dolor. Ninguno de los peregrinos es miembro de esa Iglesia y sus motivos para viajar a Hyperion se convertirán en el centro de la novela cuando cada uno de ellos comience a contar a los otros su propia historia personal. Así podríamos decir que la obra se divide en seis relatos largos enlazados por la trama general de la peregrinación a Hyperion, relatos marcados por puntos comunes como Hyperion, el Alcaudón, etc... Así de esta forma, también nos encontramos con que cada relato sirve a Simmons como guía de estilo, permitiéndole desarrollar distintas técnicas de uno a otro y profundizar en las referencias literarias de la novela. Así, el relato del cónsul es un marcado homenaje argumental al Romeo y Julieta shakesperiano, la historia de Brawne Lamia es todo un ejemplo de cyberpunk en la que se marca un homenaje al género negro más clásico, etc...

En definitiva, Hyperion es una de las cumbres de la ciencia-ficción, eso no puede negarse guste o no guste la novela o el estilo de Simmons (aunque en esta obra su propio estilo se ve reducido en la mezcolanza de géneros referencial). Ahora solo me queda hacerme con La Caída de Hyperion para saber como acaba todo esto... y luego ya caerán, si el Alcaudón quiere, Endymion y El Ascenso de Endymion.